- ¿Puedo.. puedo tocarla? - susurra, a penas sin levantar la vista de lo que observa.
Están sentados en la cama de matrimonio, envueltos en las sábanas. Ella tiene algo pequeño, débil y tierno en las manos. Lo sujeta como si todo lo que le rodeara dependiera de ello. Lo miran fijamente, embelesados.
- No, no. Espera. No puedes todavía. - contesta ella, suavemente, alejando el objeto de él. - Mira, otra vez empieza a descoserse. Estoy harta de arreglarla..
- Prometo no descoserla más, ni hacerle daño. - se acerca un poco más y la rodea con un brazo. La mira y sonríe, acariciando su mejilla.
Ella gira la cabeza y salta de la cama, corriendo hacia la esquina del cuarto. Se acurruca y sostiene aquello fuertemente contra sí, cerrando fuerte los ojos. Él baja de la cama y se acerca a ella. Levanta su cara agarrándola de la barbilla y la mira fijamente a los ojos. Ella desvía la mirada.
- No tendría que habertela enseñado. No tenía que haberte dicho nada. - musita, casi inaudiblemente. Se deshace de su mano y hunde la cabeza entre el hueco de sus piernas. Él suspira y se sienta a su lado, esperando.
- Ahora que la has visto, vas a poder jugar con ella como quieras. Lo sé, todos lo hacéis. Os la confío y entonces la hacéis más grande. Y al final no va a caberme en el pecho y voy a morirme. - ella está desesperada. Presiona su pecho y el objeto desaparece.
Entonces, se gira para buscarle y ve cómo el sostiene un objeto parecido al suyo. Él se lo tiende, como pidiéndola que la coja entre sus manos.
- Yo también tengo una. Puedes tocarla. Confío en ti. - dice él.
- Está.. rota. - ella se asusta al ver como poco a poco lo que tiene en la mano.
- Tranquila. Cógela fuerte. Nadie puede romperla más. - rodea las manos de ella con sus manos y aprieta fuerte el objeto. "Clac".
- ¿Qué ha sido eso? - pregunta ella, asustada.
Él solo sonríe. Y lo deja pasar.